La redención del ángel
¡Me calienta que vean que soy suya!
Escuchar su confesión, sus gritos de placer aceptando mi dominio absoluto frente a la élite del poder, provocó una metamorfosis en mi mente. Aunque en mi interior todavía permanecía esa molestia sorda, esa rabia por haberme rebajado a los celos primitivos en un lugar que exige desapego, la realidad física de la situación me encendía a niveles jodidamente impresionantes. Me calentaba saber de una manera jodidamente explicita que varios de los hombres más poderosos del país desearían ser yo en este instante. Me generaba una oleada de poder puro ver que el gobernador, con todo su dinero, sus influencias y su estatus político, daría lo que fuera por estar en