Me Humilló por Pobre, y Ahora Me Suplica
Con una actuación malísima se hizo pasar por pobre, y me embaucó por completo.
—César, yo no tengo nada. No puedo prometerte un futuro estable. Pero podemos esforzarnos juntos y, algún día, salir adelante.
En ese momento, al ver su cara sincera, yo asentí.
Yo necesitaba dinero, sí, pero podía trabajar y salir adelante por mi cuenta.
Elegí a Isabel porque me conmovió ese "juntos". Ese "vamos a construir".
Pero mientras más tiempo pasaba, más claro era que ella no era como la gente normal. Se le notaba el desprecio por las cosas baratas y, en cualquier cosa que ella podía hacer, me mandaba a mí a hacerlo.
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