Hundida en su amor
Por eso no me atrevía a tocarte; temía que descubrieras que había movido cielo y tierra para retenerte a mi lado, que te había arrebatado lo que más querías… y que terminaras odiándome por eso.
Para la gente de nuestra clase, el matrimonio siempre ha sido una moneda de cambio. Si soy sincera, antes de casarme con Mateo no me disgustaba, de hecho, hasta me sentía un poco afortunada. Después de todo, comparado con esos otros herederos ricos, gordos y desagradables, él era, sin duda, impecable en cuanto a apariencia. Pero ahora, al escucharlo hablar de todo eso con sus propias palabras y con tanta sinceridad, en mi pecho sentí una calidez como nunca antes había sentido.
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