Venganza en la Corte de Jade
—Muerto, pero dicen que, con unos clavos, nunca reencarnará, sufrirá en el infierno eternamente.
Lentulo se rio.
Su risa mostraba desolación, aterradora.
No supo cuánto rio, como sin fuerzas, luego habló sombríamente.
—Remigio, ¡tú eres el demonio!
La odiaba profundamente.
Pero también admitía que deseaba una hija así.
Si Lucina fuera tan lista, no solo ambiciosa, la Congregación del Dragón Celestial ya dominaría, él no estaría así.