De Su Amor a Su Venganza
Al sentir una de esas lágrimas cayéndole en el dorso de la mano, sintió que aquel calor le atravesaba el pecho.
Libre al fin del agarre de Inés, Mirna se incorporó del sofá y se apresuró a explicar.
—Sebastián, esto no es como Inés lo cuenta. ¿Qué eran cosas que su papá le dejó a ella? ¡En ninguna parte dice que fueran para Inés!
—Además, Inés es mi hija y su padre fue mi exmarido. Le guste a quien le guste, yo soy la primera heredera de sus pertenencias. Lo que él dejó, por derecho corresponde a mí.