Cuando el Don lloró por ella
Ahora, ese mismo hombre estaba llorando frente a mí.
—No me obligues a firmarlo —suplicó, quebrándose por completo—. No quiero divorciarme. Jamás quise que termináramos así.
Me mantuve en absoluto silencio.
—Durante todos estos años, fuiste la única que permaneció a mi lado —continuó él, con los ojos anegados en lágrimas—. Cada noche, cada disputa, cada vez que regresaba a casa con las manos ensangrentadas... tú estabas ahí para sostenerme. Te amo, Tessa. Solo a ti. Nunca existió nadie más, te lo juro. Eres la única mujer a la que he querido en toda mi vida.